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En una sesión de trabajo, una estimable compañera y amiga dijo que ella era “emprendedora”.
Conocedor de que era un cúmulo de ideas, pero pocas realidades, le solté que era una persona muy “creativa e innovadora”, pero poco emprendedora. Le dije que el emprendedor lleva a la práctica lo que para el innovador es solo una buena idea. Pues bueno, creo que el debate da para mucho.
Precisamente hoy, en el diario La Nación publica su acostumbrada columna semanal del consultor de empresas Álvaro Cedeño. En ella el columnista aborda este controversial tema desde otra perspectiva. El artículo se presta para comentar y debatir. Lo compartimos.
Vida en la empresa
Espíritu emprendedor
Economista
Se habla de empresaridad, y pensamos que se trata de crear empresas grandes, formales.
Me gusta más hablar de espíritu emprendedor , lo cual incluye al maestro que da tutoría por correo electrónico; a la farmacéutica que organiza un servicio telefónico de recordación para sus pacientes de la tercera edad, sobre la hora a la cual “les toca la medicina”; al hombre de reparaciones que, en vez de hacerlas a domicilio, ofrece apoyo para cuando al aficionado “se le pega la carreta”.
Por cierto, sobre esas ideas, no se cobra franquicia.
Hay en el espíritu emprendedor un sustrato que seguramente está formado en parte por un gran afán de independencia que lleva a la persona a no querer tener patrono.
Posiblemente haya también una gran confianza como para no transitar el camino conocido de “buscarse un empleo”.
Hay también un conocimiento adecuado de una actividad, el cual permite verle aristas novedosas. Sin conocimiento de algún campo, es imposible concebir un proyecto; con conocimiento, cualquier campo es bueno para inventar un nuevo emprendimiento.
Hay unas circunstancias que catalizan el acto emprendedor.
Una de ellas es la dificultad de conseguir empleo. Todo puesto es un instructivo que prescribe a su ocupante lo que hay que hacer. Si bien muchos puestos demandan iniciativa, el mismo concepto de puesto implica límites, fronteras.
Por eso, es interesante que, en momentos de baja demanda laboral, las personas que andan buscando empleo se pregunten qué serían capaces de hacer con su experiencia, sus conocimientos, sus destrezas y sus gustos, en caso de que tardasen tiempo en conseguir colocarse.
Todos fuimos emprendedores porque todos los niños lo son.
Observe a los que le rodean y pregúntese en qué recodo del camino se quedó su espíritu emprendedor.
¿Fueron la negligencia, la comodonería o aquel pariente o profesor que le sembró la duda?; ¿lo fue aquel fracaso al cual indebidamente le dio más importancia de la cuenta? No importa.
No está prohibido volver a intentar.
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Me gustaría estar en el foro que se menciona en renglones anteriores
Comentario por Gerardo Villalobos Chavarría noviembre 7, 2009 @ 8:54 pm